martes, 14 de enero de 2014

Paseos de río


"Se precisa de una bocatoma improvisada"-grita Bladimir con su eterno delirio de ingeniero.  El Blacho nació en Gucacarí y fue ruso desde niño.  Quienes lo conocieron en ese entonces dicen que era de los buenos, no se arrugaba pa' levantar estructura, los maestros se lo peleaban.  Pero eso fue antes de la caída del muro y el bochinche que todos saben; terminó pagando los errores de cálculo del ingeniero Urrutia.  Ahora solo lo contratan en acabados, o como dice él, en "decoración y jardinería."  Bladimir dice que con el primer hijo aprendió a multiplicar y con el segundo a dividir.  Nunca pisó una escuela, o sí, lo hizo una vez y dejó embarazada a la maestra -no solo los maestros se lo peleaban-.  Yo conocí al ingeniero Urrutia, pero es mi padre quien lo conocía mejor.  Recuerdo esas palabras que resultaron premonitorias: "el doctor Urrutia pertenece a esa clase de personas; quiere ser honesto pero es demasiado cobarde."
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