viernes, 1 de enero de 2010
Constitutional dictatorship: crisis government in the modern democracies, by Clinton L. Rossiter and William J. Quirk
I encourage those who are interested in colombian history and politics to make a critical reading of this book which, in my view, constitutes an important reference to understand the responsibilities of the government, police and military forces in events such as the assault on the Palace of Justice and many other events where the institutional bodies of modern democracy were in danger. It also helps to develop a suitable legal frame for such situations of emergency, if that is our choice, actually Rossiter is skeptical about legal abnormality and suggests responsibility should rest on the political realm. It provides an insight to understand the history of public order policies by going beyond the common place of government abuse. But this book, including its updated introduction (Transaction Edition) by William J. Quirk which accounts for the 9/11 events and the subsequent War on Terrorism, should be carefully adapted to the Colombian reality. While the modern conflict in Colombia is dominated by the economy of illegal drugs and therefore closer to the realm of criminal law, the classical conflict has a historical and political nature which asides the colonialist legacy of inequality, is also an expression of a delayed consolidation of the constitutional order. This is the so call "weak state" factor, and is not only expressed in the limited presence of public force in geographic territories, but on the weak constitutional control over governmental behavior. From the latter perspective the defense of an abnormal constitutional order is a conservative force delaying the consolidation of a liberal constitutional order.
martes, 15 de diciembre de 2009
Las ironías de la historia y otras abstracciones del lenguaje
Quizás el mayor golpe del fenómeno paramilitar a las guerrillas comunistas fué el de hacernos revalorar a los colombianos, el uso de la violencia como instrumento político. En particular, muchos simpatizantes de la izquierda lograron distinguir en el paramilitarismo, lo que en la guerrilla había permanecido como tabú: la causa política y el método de lucha. El criticismo de izquierda al paramilitarismo, curiosamente, no se centró en sus afinidades con el liberalismo económico, sino en sus prácticas de violencia. De allí, a volver dicho juicio sobre la guerrilla comunista fué un simple movimiento lógico. Este acontecimiento precede la fundación del Polo Democrático como opción democrática de izquierda, con una convicción civilista que lo distingue de anteriores intentos socialistas de incursión política. La noción de derechos humanos promovida por un discurso transnacional, abstraído de particularidades políticas e históricas, podría ser fundamental para entender los giros de la opinión pública hacia la opción civilista.
domingo, 13 de diciembre de 2009
La nación soñada de Eduardo P. Carbó
Este libro ofrece una forma de entender el desprestigio que goza la democracia liberal en Colombia. Desprestigio que alcanza su zenith, en mi opinión, en las universidades públicas. No comparto todas las tesis o énfasis que hace Carbó en su recuento histórico, pero comparto su entusiasmo por el proyecto democrático liberal. Creo que un grave error en los críticos de la democracia liberal en Colombia es el de concebirla como una estructura estática y no un proyecto de constante consolidación cultural, legal y política. El mismo Carbó al hablar de esta tradición en Colombia, comete el mismo error. No hace suficiente énfasis en su carácter evolutivo lo cual implica la reivindicación de las empresas reformistas. De todas maneras es un libro que trae frescura al debate de la historia política del país. Nos aleja del fatalismo intelectual y nos advierte sobre los peligros de las lecturas sesgadas de la historia.
lunes, 30 de noviembre de 2009
Cuando la excepción confirma la regla
Las historias de superación económica donde la superación individual es el paradigma –¿recuerda la película: En busca de la felicidad protagonizada por Will Smith?– no tienen porque justificar un sistema de exclusión social. Sus héroes son personas admirables que demuestran inteligencia y determinación. Su indiferencia política al buscar la aprobación del poder en vez de desafiarlo no es más condenable que la de cualquier otro ciudadano. Sin embargo, es necesario que existan también personas con conciencia de clase que gestionen políticas de equidad social, que piensen en el bien colectivo y de clase antes que en el personal. La oligarquía ama esas historias de superación pues legitiman el régimen de exclusión. Olvidan que estas son excepciones, excepciones que confirman la regla.
miércoles, 18 de noviembre de 2009
El agro colombiano: dilemas, intereses y propuestas
En respuesta al post: Los biocombustibles: otro capítulo dudoso de la estrategia agro-exportadora por Darío Fajardo. Publicado en Razón Pública.
Por fin alguien que pone la llaga en el dedo! Gracias Dario. No olvidemos tampoco que esta apertura selectiva se remonta al gobierno de Cesar Gaviria. Su continuidad se explica gracias al lobby de la industria azucarera y de palma. Recordemos que mientras el gobierno abrió el mercado de los granos, hizo una arbitraria excepción con la caña de azúcar aún protegida arancelariamente. La apertura benefició directamente a la industria cuya materia prima son los granos (maíz, soya, algodón, etc.). Muchas de ellas no eran industrias nacionales, sino multinacionales atraídas por mano de obra barata, pero no muy interesadas en subsidiar el agro nacional. Colombia renunció a su vocación agrícola con la apertura. Quizás en buena fé se intentó cambiar un modelo de protección arancelaria por un modelo subsididado por industrias emergentes que se esperaba producieran con mayor valor agregado y por ende rentabilidad. Hasta que punto fue exitosa esta política? vale la pena hacer un estudio al respecto. Si acaso se produjo más tributo tras el empujón que a la industria dió la apertura, la reactivación subisidiada del agro está en veremos. Prueba de ello es el hecho de que el agro que sobrevive actualmente en el país se reduce a dos modalidades: el primero con potencial exportador pero protegido arancelariamente, es decir, un modelo de exportación virtual, pues es subisidiado por el consumo nacional. A este grupo pertenece el azucar y los bio-combustibles. La segunda modalidad es la de productos cuyas condiciones físicas hacen que su exportación o importación se dificulten ya sea porque son altamente perecederos o porque su producción a gran escala es demasiado costosa. Estos productos gozan de relativa buena salud dentro del mercado interno. A ellas pertenecen la mayoría de frutas y hortalizas –existen excepciones a esta clasificación como lo es el banano y las flores–. A mi parecer, es perenne revisar el modelo económico y agrícola del país. En una economía globalizada e industrial, es bien sabido que el agro debe ser subsidiado. Colombia, a pesar del discurso neoliberal –tan caro en la última década del s. XX– y con contadas excepciones, no ha podido demostrar la autonomía económica del agro (fuimos más papistas que el papa). Es hora de que se revise el absolutismo neoliberal. Debemos fomentar la demanda interna no con medidas arancelarias que contradicen nuestros intereses por un mercado abierto, sino con una política que fomente cultivos con alto empleo por unidad de área. En esta última categoría entran precisamente las frutas y hortalizas. Esto sin desconocer que existen cultivos de "colonización" que permiten una provisional explotación de grandes superficies cultivables a relativo bajo costo –dentro de los cuales se encuentra la caña de azúcar, la palma y las especies maderables–. Debemos buscar una política tributaria que distribuya inteligentemente ambas vocaciones agrícolas a lo largo de la geografía nacional; asignando a la agricultura intensiva, tierras con mayor acceso a los centros urbanos y por ende con mayor demanda laboral y a la agricultura extensiva, tierras periféricas, lejos de los centros urbanos, pero de gran extensión como la Orinoquía. El gobierno no ha logrado distinguir entre estas dos vocaciones agrícolas y por ende la mayor cantidad de fondos se va para la agricultura extensiva en movimientos que a menudo esconden un interes especulativo de la propiedad raíz. Es hora de ser y exigir coherencia en las políticas agrícolas.
Otros artículos relacionados: El agro no florece (2008) por Mauricio Cabrera.
Por fin alguien que pone la llaga en el dedo! Gracias Dario. No olvidemos tampoco que esta apertura selectiva se remonta al gobierno de Cesar Gaviria. Su continuidad se explica gracias al lobby de la industria azucarera y de palma. Recordemos que mientras el gobierno abrió el mercado de los granos, hizo una arbitraria excepción con la caña de azúcar aún protegida arancelariamente. La apertura benefició directamente a la industria cuya materia prima son los granos (maíz, soya, algodón, etc.). Muchas de ellas no eran industrias nacionales, sino multinacionales atraídas por mano de obra barata, pero no muy interesadas en subsidiar el agro nacional. Colombia renunció a su vocación agrícola con la apertura. Quizás en buena fé se intentó cambiar un modelo de protección arancelaria por un modelo subsididado por industrias emergentes que se esperaba producieran con mayor valor agregado y por ende rentabilidad. Hasta que punto fue exitosa esta política? vale la pena hacer un estudio al respecto. Si acaso se produjo más tributo tras el empujón que a la industria dió la apertura, la reactivación subisidiada del agro está en veremos. Prueba de ello es el hecho de que el agro que sobrevive actualmente en el país se reduce a dos modalidades: el primero con potencial exportador pero protegido arancelariamente, es decir, un modelo de exportación virtual, pues es subisidiado por el consumo nacional. A este grupo pertenece el azucar y los bio-combustibles. La segunda modalidad es la de productos cuyas condiciones físicas hacen que su exportación o importación se dificulten ya sea porque son altamente perecederos o porque su producción a gran escala es demasiado costosa. Estos productos gozan de relativa buena salud dentro del mercado interno. A ellas pertenecen la mayoría de frutas y hortalizas –existen excepciones a esta clasificación como lo es el banano y las flores–. A mi parecer, es perenne revisar el modelo económico y agrícola del país. En una economía globalizada e industrial, es bien sabido que el agro debe ser subsidiado. Colombia, a pesar del discurso neoliberal –tan caro en la última década del s. XX– y con contadas excepciones, no ha podido demostrar la autonomía económica del agro (fuimos más papistas que el papa). Es hora de que se revise el absolutismo neoliberal. Debemos fomentar la demanda interna no con medidas arancelarias que contradicen nuestros intereses por un mercado abierto, sino con una política que fomente cultivos con alto empleo por unidad de área. En esta última categoría entran precisamente las frutas y hortalizas. Esto sin desconocer que existen cultivos de "colonización" que permiten una provisional explotación de grandes superficies cultivables a relativo bajo costo –dentro de los cuales se encuentra la caña de azúcar, la palma y las especies maderables–. Debemos buscar una política tributaria que distribuya inteligentemente ambas vocaciones agrícolas a lo largo de la geografía nacional; asignando a la agricultura intensiva, tierras con mayor acceso a los centros urbanos y por ende con mayor demanda laboral y a la agricultura extensiva, tierras periféricas, lejos de los centros urbanos, pero de gran extensión como la Orinoquía. El gobierno no ha logrado distinguir entre estas dos vocaciones agrícolas y por ende la mayor cantidad de fondos se va para la agricultura extensiva en movimientos que a menudo esconden un interes especulativo de la propiedad raíz. Es hora de ser y exigir coherencia en las políticas agrícolas.
Otros artículos relacionados: El agro no florece (2008) por Mauricio Cabrera.
sábado, 7 de noviembre de 2009
Democracy, Liberalism and Capitalism: a Mysterious Trinity?
I believe the relation between democracy and capitalism should be revisited in account of the recent incorporation of democracy in the communist discourse –not to be confused with the discourse of social-democracy, unlike communists they accept capitalism with social oriented interventions by the state–. This new communist discourse is arising in electoral democracies (Chávez' Venezuela, Ahmadinejad's Iran, etc.) and their strategy is to attain power through the suffrage. I identify at least two origins for this new turn: an un-democratic discourse as the one held by traditional communism wouldn't have reception in a society which is not against democracy but against social discrimination. Another factor is the need to legitimate their power against the "international opinion", in particular to the coalition of western democracies which exerts not only economic power –through mechanisms such as the UN's power of veto or the IMF– but also military force –through the OTAN–. The literature exploring the relations between democracy and capitalism is ill-fated by the anti-communist propaganda having its biggest expression during the Cold-War, where still the combined model was more a flag than a real tradition. In view of this I encourage studying the relation between democracy and liberalism which has been explored in greater depth by contemporary authors such as Jürgen Habermas and Norberto Bobbio, and to later review the productive relation between liberalism and capitalism as accumulated by recent history –by productive I don't mean cheerful–. It is my impression that the relation between liberalism and capitalism hasn't been treated rigorously enough; often seen as obvious or natural. As a democrat, my call is to approach these relations without giving them for granted; the historical moment exposed is motive enough. As these communist governments attain power, they declare war on capitalism. Will real democracy survive in a communist regime? or will it become a mere ritual, an euphemism for autocratic regimes? –the latter question should also be answered by liberal economy–. Based on the historical evidence of illiberal democracies and of liberal nondemocracies, both concepts are seen as independent from each other [1]. Nevertheless authors such as Norberto Bobbio have emphasized their complementarity. The relation between democracy and liberalism has been approached in several ways. In contrast with Bobbio's synchronic approach, Fareed Zakaria shows a more diachronic version defending the thesis that liberalism is a historic precondition for democracy [2]. The latter thesis as defended by Zakaria even stands that a legitimate international policy for the coalition of western democracies is to promote liberal autocracies whenever there is a risk of an illiberal democracy. I believe that this is opposed to liberal ideals. In my opinion the sin of Zakaria and others alike is to overweight economic rights over civil rights in the liberal discourse. Democracy should be seen as an implication from civil rights; we cannot have civil rights without democracy. Because of this distortion we are giving the right to illiberal socialism to tag the defense of liberalism as a bourgeois enterprise instead of a humanist one. This doesn't means that we should find electoral democracy sufficient to legitimate power. I agree that electoral democracy don't have to engender real democracy. I refer to real democracy to differentiate it from electoral democracies, the latter characterized by the absence of many of the additional mechanisms necessary for the exercise of a democracy as suggested by its etymological interpretation: the power of and for the people. Most if not all of these mechanism are present in the liberal ideals. This is precisely what the complementarity between democracy and liberalism should stand for; democracy should be seen as an implication of civil rights while the whole of liberal rights and duties should be seen as the medium for real democracy. We should not fall again into the misleading conception where democracy does not longer aspire to be an act of demographic choice but an idea of what is good for the people, a misconception in which are prone the radical liberals, the communists and the neocolonialists [3]. Finally I advice that the goal of a synthetic definition of democracy cannot prescind from its analytical approach even at the risk of never achieving their ultimate components. To most if not all of these questions only the coming history will answer, but historical insight and serious debate should bring, either hope for heterodox democracies or prevent them from going too far in the wrong direction.
Related links and references: Liberalism and Democracy: Can't Have One Without the Other by Marc F. Plattner published by Foreign Affairs (1998). The Future of Freedom: Illiberal Democracy at Home and Abroad by Fareed Zakaria.
[1] Authors such as Fareed Zakaria see examples of liberal autocracies in monarchic England, current Hong Kong and even Pinochet's Chile. I believe that this examples show the prevailing conception where liberalism is equated with capitalism (the limitation of state power on economy) letting aside other characteristics of the liberal ideals such as the limitation of state power on civil rights.
[2] Zakarias takes England as the case example. What does he has to say about the French revolution where constitutional democracy and liberalism took place at the same time? perhaps it could be argued that political liberalism preceded constitutional democracy.
[3] Take for example the liberal autocracy preceding Iran's revolution. Despite the inner and external conflict released after the revolution, western democracies should keep pursuing a democratic agenda for Iran by supporting liberal initiatives and without giving a step back into the wrong direction; that of supporting allied dictatorial regimes.
Related links and references: Liberalism and Democracy: Can't Have One Without the Other by Marc F. Plattner published by Foreign Affairs (1998). The Future of Freedom: Illiberal Democracy at Home and Abroad by Fareed Zakaria.
[1] Authors such as Fareed Zakaria see examples of liberal autocracies in monarchic England, current Hong Kong and even Pinochet's Chile. I believe that this examples show the prevailing conception where liberalism is equated with capitalism (the limitation of state power on economy) letting aside other characteristics of the liberal ideals such as the limitation of state power on civil rights.
[2] Zakarias takes England as the case example. What does he has to say about the French revolution where constitutional democracy and liberalism took place at the same time? perhaps it could be argued that political liberalism preceded constitutional democracy.
[3] Take for example the liberal autocracy preceding Iran's revolution. Despite the inner and external conflict released after the revolution, western democracies should keep pursuing a democratic agenda for Iran by supporting liberal initiatives and without giving a step back into the wrong direction; that of supporting allied dictatorial regimes.
domingo, 25 de octubre de 2009
Carta de un periodista
"Ninguna otra ocupación les pide a sus profesionales que renuncien a su vida por el arte, con excepción de las fuerzas armadas y, en Sri Lanka, del periodismo."
"El Sunday Leader ha sido un periódico controversial porque decimos lo que vemos: sea un ladrón o un asesino, lo llamamos por su nombre."
"Todo periódico tiene su punto de vista y nosotros no ocultamos el hecho de que también tenemos uno. Nuestro compromiso es ver a Sri Lanka como una democracia transparente, secular y liberal."
"The Sunday Leader nunca ha buscado seguridad al articularse con la visión de la mayoría sin cuestionamiento alguno. Afrontémoslo: esa es una buena forma de vender periódicos."
Ver carta completa intitulada Después vinieron por mi por Lasantha Wicrematunge. Traducción publicada en Revista Número.
"El Sunday Leader ha sido un periódico controversial porque decimos lo que vemos: sea un ladrón o un asesino, lo llamamos por su nombre."
"Todo periódico tiene su punto de vista y nosotros no ocultamos el hecho de que también tenemos uno. Nuestro compromiso es ver a Sri Lanka como una democracia transparente, secular y liberal."
"The Sunday Leader nunca ha buscado seguridad al articularse con la visión de la mayoría sin cuestionamiento alguno. Afrontémoslo: esa es una buena forma de vender periódicos."
Ver carta completa intitulada Después vinieron por mi por Lasantha Wicrematunge. Traducción publicada en Revista Número.
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