Valoramos las ideas, ya sea en el plano legal o natural, porque de alguna forma reconocemos que estas son un recurso finito dada nuestras limitaciones efectivas para acceder a la información en el espacio y tiempo requerido. Con las tecnologías de la información, la otrora escala naturalizada de la información se ha redimensionado abruptamente a nuestro favor. La naturaleza de este cambio, por su magnitud y rapidez, nos ha generado la falsa creencia de que nuestro acceso efectivo a las ideas y/o a la información es infinito, cuando en verdad no lo es; simplemente hemos redimensionado las fronteras. La implicación más directa de esta pretendida observación es que las ideas seguirán teniendo valor y los asuntos correspondientes a su administración económica y política seguirán vigentes a pesar de los cambios radicales que puedan experimentar. El valor de las ideas sufrirá el mismo cambio que los productos artesanales con la irrupción de la economía industrial. Pero el cambio será a la inversa: entrará en crisis la industria de la copia –intermediarios– y dominará la industria de la creación de contenidos. El artesano se convierte en una metáfora apropiada en tanto, como modelo productivo, se ubica entre el arte y la primera industria. El científico, como una extensión del artesano en la sociedad moderna ofrece también una metáfora desde la cual pensar los nuevos modelos dominantes de producción.
jueves, 16 de febrero de 2012
domingo, 5 de febrero de 2012
Revoluciones crónicas
"Vulgar desorden es entre los hombres hacer (de los fines) medios y de los medios hacer fines: lo que ha de ser de paso toman de asiento y del camino hacen descanso; comienzan por donde han de acabar, y acaban por el principio". Baltasar Gracían, El Criticón.
Que todo acto político efectivo requiere esfuerzo es una afirmación que se debate entre la observación fenomenológica y la ansiedad moral. Para apreciar su verdadera dimensión es preciso desmarcarla de esa aura metafísica o mitológica en que a menudo reposa. Para ello es útil entender la revolución como una transición de fase, un cambio en la topografía del poder. Justo en el momento de la transición, el esfuerzo para ejercer poder es mínimo pero de inmediato el sistema tiende a estabilizar la nueva topografía de tal manera que los nuevos picos y valles de poder sean lo suficientemente pronunciados. Tras la revolución, el campo de batalla del poder se traslada. Con la irrupción de la democracia y el desarrollo de los medios de comunicación, este se trasladó de las cortes y las barricadas a los circuitos de la opinión pública y al sufragio. Esto no quiere decir que el cambio político ya no requiera esfuerzo. Si bien es fácil votar, no lo es movilizar la opinión –requiere de carisma o dinero–. El paroxismo de estos procesos se encuentra con la democracia 2.0 donde la convergencia entre la tradición revolucionaria y reformista ha generado un conflicto de identidades.
En general, el activista tiene una relación paradójica con la revolución pues triunfar implica renunciar a esos mismos medios que consideró los únicos [1] legítimos para alcanzar el poder –en un plano más personal, se asemeja a la crisis del veterano de guerra que habiendo triunfado descubre que se ha convertido en el enemigo de su propia creación–. Este problema se acentúa en conflictos de larga duración, donde los medios de la revolución dejan de verse como estrategias pragmáticas para terminar convertidas en valores per se, en tradición. Allí no se supera la condición de revolucionario, por lo contrario se desarrolla un miedo o recelo por el triunfo de unos ideales que si bien dieron origen a la revolución, ahora se presentan como una amenaza alienante. Por supuesto, este miedo no es reconocido por el militante, pero se cuidan de que su alusión a los ideales fundadores sea tan solo un gesto retórico de unidad revolucionaria.
[1] Y por únicos incluyo "todas la formas de poder (que incluyan las armas)".
sábado, 4 de febrero de 2012
La violencia en la cultura
En los estudios culturales las nociones de singularidad y universalidad son tan solo abstracciones, coordenadas cartesianas sobre un paisaje fractal. Hablar pues de la cultura de la violencia no implica la aceptación trágica de una condición irredimible. Supone, sin embargo, el reconocimiento de hechos violentos que logran desprenderse por momentos de las condiciones histórico materiales con las que dialoga [1].
No solo el lenguaje contribuye a la autosuficiencia de la violencia, también su apropiación de los medios de producción social [2]. La violencia puede servir de eje estructural para una variedad de funciones sociales: estrategia pedagógica, criterio de autoridad, mecanismo de resolución de conflictos, etc. En otras palabras, la violencia intenta y logra perpetuarse tejiendo su telaraña sobre las funciones sincrónicas de una sociedad. Deconstruir la violencia en este sentido significa desmitificar la idea de que es el único mecanismo efectivo para satisfacer las necesidades sociales –similares argumentos se esgrimieron para defender las monarquías–. El reto pues es el de inventar, descubrir, visualizar y reproducir contraejemplos.
P.D. Señalo un énfasis en replantear el medio antes que el fin, habrán sin embargo asuntos que requieran lo contrario.
P.D. Señalo un énfasis en replantear el medio antes que el fin, habrán sin embargo asuntos que requieran lo contrario.
[1] La palabra diálogo es clave pues supone una complementariedad en la perpetuación de las prácticas sociales. Existe más de una forma de lograr una función social. Cada uno de estos caminos posee subproductos diferentes.
[2] Acaso la violencia merezca todo un tratado epifenomenológico aunque ella misma sea una colaterialidad del poder.
jueves, 21 de julio de 2011
La violencia en los Medios: Arcadi Espada
"La paz tiene su momento en este asunto: el gran momento en que el crimen empieza a relativizarse por obra y gracia de los hechos consumados y entonces aparece un ferviente, un anhelante, un desesperado deseo. Este deseo de paz tiene, desde el punto de vista de la moral, el inquietante propósito de equiparar contendientes. Es una urgencia muy histérica: resuelvan esto de una vez por todas, no podemos permitir esta orgía de sangre, resuélvanlo.
En ese momento de la paz se producen muchos malentendidos. Uno de ellos es la dialéctica entre guerra y paz, y terrorismo y ley. Lo que el terrorismo pervierte es la ley, y lo que el poder democrático y la ciudadanía debe de preservar es la ley. No va la paz a cambio de la ley."
Arcadi Espada nos ofrece una magistral sesión sobre la semiótica del terrorismo y los retos de su cobertura mediática: La violencia en los medios. Por una cobertura responsable. Revista Letras Libres.
En ese momento de la paz se producen muchos malentendidos. Uno de ellos es la dialéctica entre guerra y paz, y terrorismo y ley. Lo que el terrorismo pervierte es la ley, y lo que el poder democrático y la ciudadanía debe de preservar es la ley. No va la paz a cambio de la ley."
Arcadi Espada nos ofrece una magistral sesión sobre la semiótica del terrorismo y los retos de su cobertura mediática: La violencia en los medios. Por una cobertura responsable. Revista Letras Libres.
lunes, 27 de junio de 2011
sábado, 21 de mayo de 2011
Lars Von Trier, a lyon out of the zoo
This post is motivated by the recent declarations of Lars Von Trier, in the presentation of his film Melancholia.
I decided to write this post as a way to address the issues of political correctness and the ethical challenges of the artist. Despite these general motivations I find the declaration of Lars Von Trier not the declaration of any person or any artist; his filmography shows a meticulous exploration of the moral dimensions of humanity through a variety of micro-political scenarios. His doses of irony are high enough as to separate them from the neurotic but low enough as not to fall in the bed of nihilism. I find improbable that a person responding to the latter description would give a declaration of such caliber in a simply reactionary not to mention neurotic way.
I refuse the society which allows the artist to say whatever he wants. That is a society where artists are meaningless together with everything they represent. If we allow the artist to cause any impact, we should request from him an ethical responsibility. Wondering what that responsibility may be is the subject of this post.
Is it fortuitous that the freedom of the artist is still confined to the golden frame? An armed soldier out of duty is an armed civilian. The frame matters, it is the difference between imagination and reality. One of the applications of imagination is to understand the evil. But hermeneutics is the art of understanding the other without becoming the other. The former reflections are motivated by Von Trier issue, but the judgment of his act is an adjacent matter. Should the declaration of Von Trier be taken as evil? his films are certainly evil. But they are framed and that makes them good evil, they allow us to identify and necessarily to understand the many forms of evil. His declaration, though, was under a different frame. The press conference is where the people expects to see the person behind the artist, the mask of a person the least.
Despite my outsider condition, being a colombian, I try to understand some of the attitudes of postwar germans towards WWII. I wonder if they see it as a burden similar to that of colombians with regard to drug cartels. If the holocaust is a possibility of humanity, why should they be more responsible than any other postwar generation? If the french youth is allowed to be anti-Zionist, why can't they be so? Many of them see that burden as a taboo and the first enemy of taboo is the artist. It is worthless to say that modernity is an enemy of taboo. It just rather to hide in the light than in the darkness. It does so by depuration of meaning or by its commodification. The notable think about commodification is that it looses touch with history, a especially sensible matter when it comes to the holocaust. Perhaps that is what Von Trier was looking for. I don't know, but I suspect that what is important, rather than the motivation for his utterance is the way society responds to it.
I decided to write this post as a way to address the issues of political correctness and the ethical challenges of the artist. Despite these general motivations I find the declaration of Lars Von Trier not the declaration of any person or any artist; his filmography shows a meticulous exploration of the moral dimensions of humanity through a variety of micro-political scenarios. His doses of irony are high enough as to separate them from the neurotic but low enough as not to fall in the bed of nihilism. I find improbable that a person responding to the latter description would give a declaration of such caliber in a simply reactionary not to mention neurotic way.
I refuse the society which allows the artist to say whatever he wants. That is a society where artists are meaningless together with everything they represent. If we allow the artist to cause any impact, we should request from him an ethical responsibility. Wondering what that responsibility may be is the subject of this post.
Is it fortuitous that the freedom of the artist is still confined to the golden frame? An armed soldier out of duty is an armed civilian. The frame matters, it is the difference between imagination and reality. One of the applications of imagination is to understand the evil. But hermeneutics is the art of understanding the other without becoming the other. The former reflections are motivated by Von Trier issue, but the judgment of his act is an adjacent matter. Should the declaration of Von Trier be taken as evil? his films are certainly evil. But they are framed and that makes them good evil, they allow us to identify and necessarily to understand the many forms of evil. His declaration, though, was under a different frame. The press conference is where the people expects to see the person behind the artist, the mask of a person the least.
Despite my outsider condition, being a colombian, I try to understand some of the attitudes of postwar germans towards WWII. I wonder if they see it as a burden similar to that of colombians with regard to drug cartels. If the holocaust is a possibility of humanity, why should they be more responsible than any other postwar generation? If the french youth is allowed to be anti-Zionist, why can't they be so? Many of them see that burden as a taboo and the first enemy of taboo is the artist. It is worthless to say that modernity is an enemy of taboo. It just rather to hide in the light than in the darkness. It does so by depuration of meaning or by its commodification. The notable think about commodification is that it looses touch with history, a especially sensible matter when it comes to the holocaust. Perhaps that is what Von Trier was looking for. I don't know, but I suspect that what is important, rather than the motivation for his utterance is the way society responds to it.
martes, 10 de mayo de 2011
La izquierda y la derecha en la democracias modernas
A propósito de la columna de Antonio Caballero (Revista Semana).
Uno puede distinguir dos izquierdas. Una marxista la cual comparte con la tradición republicana su vocación de poder. Y otra que podríamos llamar a la Walter Benjamin o cultural, la cual encuentra en el poder su antítesis. La primera es pragmática y la segunda es estética. La primera es una propuesta política y la segunda una propuesta crítica. Son excluyentes en tanto la política contiene a la crítica y viceversa. Ambas conciben a la izquierda como una forma estática, ya sea desde el poder o desde la marginalidad. Mientras la izquierda cultural delata la contradicción de una izquierda con poder (contradicción imputable desde el mismo materialismo dialéctico), la izquierda marxista delata la construcción hegemónica de la cultura y al mejor estilo de Nietzsche revela la dudosa genealogía de la marginalidad estetizada. Y es aquí donde entra la democracia moderna a romper con esta dialéctica infructuosa. El sufragio fue concebido como ejercicio republicano, acto mediante el cual el pueblo soberano ha de elegir a sus representantes. Sin embargo en la modernidad, el sufragio toma otro cariz. Los partidos, ya no aspiran a proyectarse como representantes de la voluntad del pueblo en su totalidad, sino que representan nichos o clanes. Así que el sufragio en la democracia liberal se convierte en un sistema rotativo del poder para las diferentes facciones políticas mientras que los aspectos universales (republicanos) son progresivamente trasladados al terreno jurídico-constitucional. La rotación del poder derechiza a la izquierda pero, a diferencia del marxismo, también izquierdiza a la derecha. En este nuevo escenario la izquierda clásica (estática) representa aquellos grupos sociales que aún se encuentran marginados del sistema rotativo del poder. Defenderla es tan católico como defender la pobreza. Se debe procurar su integración soberana dentro del sistema político rotativo.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)