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viernes, 28 de mayo de 2010

Venezuela: un diagnóstico.

Anda circulando un mensaje proveniente de una página llamada fuerzasolidaria.org:

"Las próximas elecciones presidenciales en Colombia se parecen a los comicios de 1998, cuando ganó Hugo Chávez. Los venezolanos lo eligieron no por sus virtudes, sino por su rechazo a los partidos; ahora lloran su equivocación con lágrimas de sangre. ..." fuerzasolidaria.org

Comparto la preocupación por el desmantelamiento en Venezuela del modelo liberal; creo en los derechos de propiedad individual y los contrapesos institucionales. Sin embargo, no interpreto de la misma forma la problemática venezolana. La afirmación de fuerzasolidaria.org distorsiona el sentido de la democracia liberal al asignar al voto por representantes al ejecutivo y/o legislativo funciones propias de la corte constitucional: ejercer un contrapeso a las ambiciones del ejecutivo. El apoyo popular a una fuerza política reformista no es condición suficiente para una reforma constitucional, al menos en una democracia liberal. Para ello se debe pasar por una serie de filtros institucionales ajustados a un consenso multipartidista. Fue este último mecanismo el que falló en Venezuela y no el haber votado por el hombre equivocado. En otras palabras:

El error no fue el haber votado por Chávez; el error fue dejarlo desmantelar el proyecto democrático (liberal) desde el ejecutivo. Una democracia exitosa no es tanto aquella que elije a los buenos candidatos, pero aquella que obliga a que esos candidatos, buenos, malos o incomprendidos, cumplan las reglas de juego. Por eso, aquellos que dicen que el futuro de la democracia depende de por qué candidato vamos a votar, tergiversan el sentido del sistema democrático. El activismo ciudadano en este tipo de encrucijadas es apoyando a las instituciones que ejercen contrapeso a los poderes del ejecutivo.

domingo, 14 de marzo de 2010

Por qué se vota cuando se vota

A propósito de las pasadas elecciones parlamentarias, me quedaron las siguientes reflexiones para tomar en cuenta a la hora de escoger el logotipo y el número de nuestra preferencia. Espero aplicar y perfeccionar estos criterios en campañas venideras. Algunos criterios son obvios y otros no tanto, lo importante es saber ponderarlos. También son validos en camapañas no parlamentarias. Esta es la lista:

I- Cuando votamos por un candidato debemos tomar en cuenta que su comportamiento legislativo está amarrado a la opinión de su bancada, es decir de su partido. Si bien un candidato bueno en un partido mayoritariamente malo contribuye a la renovación del partido, el ideal es buscar un buen candidato adscrito a un buen partido. Dada la cantidad de inscritos y la creciente oferta informativa no es remoto encontrar tal escenario, pero en su ausencia, recuerde que el voto coyuntural también es estratégico. Tampoco sobra echarle un vistazo a la ley de bancadas vigente para afilar nuestra decisión.

II- El discurso de un candidato ejemplificado en sus propuestas, programa de gobierno y debates públicos es fundamental para saber por quién se está votando. Un candidato de opinión contribuye a la construcción de una democracia deliberativa, las propuestas y/o programas de gobierno demuestran transparencia, responsabilidad y disciplina. Pero estos elementos discursivos no son suficientes, es necesario exigir una trayectoria que garantice tanto el compromiso real con dicho discurso, como también su capacidad ejecutoria de los mismos.

III- Para el Senado tenemos la oportunidad de votar por un candidato con discurso regional o nacional. Mi consejo es que un buen candidato con discurso autenticamente nacional vale el doble que un candidato no tan bueno con un discurso regional (en el congreso se discuten leyes de competencia nacional). Además para el lobby regional está la Camara.

IV- Por último. También se vota por una forma de hacer política – y democracia en particular –. Podemos distinguir entre los autodenominados realistas e idealistas. Los realistas se subividen en hipócritas y/o pragmáticos. Los idealistas, a su vez, en ingenuos y/o pioneros. Le corresponde a usted adivinar la etiqueta que mejor le corresponde a cada candidato. Probablemente esta elección hable más de usted que del candidato, después de todo, la política como la economía financiera tienen un alto componente de self-fulfilling prophecy (profecia autocumplida). Este no es un criterio sencillo pues no todo lo que es pragmático falta a la ética, ni todo lo que es ético, es viable. Sin embargo, hay un criterio que no da pie a ambigüedades y es el de la transparencia; a un candidato se le puede perdonar que sea cínico o ingenuo, pero lo que no se le puede perdonar es que no sea transparente con sus prácticas políticas.

Por simple goce extiendo la lista de calificativos para realistas e idealistas. Los realistas pueden ser cínicos, honestos, pragmáticos, aristotélicos, conservadores, tradicionalistas e hipócritas. Los idealistas pueden ser humanistas, reformistas, ingenuos, inexpertos, pioneros, platónicos, locos, utópicos, infantiles. Los invito a que propongan otros calificativos de uso popular y no tan popular, y recuerde que no existe mérito per se entre tomar una actitud realista o idealista frente a la vida y en particular, en cuestiones políticas.

Artículos relacionados: "Juan Mario Laserna: de la junta del Banco a la plaza del pueblo" publicado por lasillavacia.com.

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