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miércoles, 18 de noviembre de 2009

El agro colombiano: dilemas, intereses y propuestas

En respuesta al post: Los biocombustibles: otro capítulo dudoso de la estrategia agro-exportadora por Darío Fajardo. Publicado en Razón Pública.

Por fin alguien que pone la llaga en el dedo! Gracias Dario. No olvidemos tampoco que esta apertura selectiva se remonta al gobierno de Cesar Gaviria. Su continuidad se explica gracias al lobby de la industria azucarera y de palma. Recordemos que mientras el gobierno abrió el mercado de los granos, hizo una arbitraria excepción con la caña de azúcar aún protegida arancelariamente. La apertura benefició directamente a la industria cuya materia prima son los granos (maíz, soya, algodón, etc.). Muchas de ellas no eran industrias nacionales, sino multinacionales atraídas por mano de obra barata, pero no muy interesadas en subsidiar el agro nacional. Colombia renunció a su vocación agrícola con la apertura. Quizás en buena fé se intentó cambiar un modelo de protección arancelaria por un modelo subsididado por industrias emergentes que se esperaba producieran con mayor valor agregado y por ende rentabilidad. Hasta que punto fue exitosa esta política? vale la pena hacer un estudio al respecto. Si acaso se produjo más tributo tras el empujón que a la industria dió la apertura, la reactivación subisidiada del agro está en veremos. Prueba de ello es el hecho de que el agro que sobrevive actualmente en el país se reduce a dos modalidades: el primero con potencial exportador pero protegido arancelariamente, es decir, un modelo de exportación virtual, pues es subisidiado por el consumo nacional. A este grupo pertenece el azucar y los bio-combustibles. La segunda modalidad es la de productos cuyas condiciones físicas hacen que su exportación o importación se dificulten ya sea porque son altamente perecederos o porque su producción a gran escala es demasiado costosa. Estos productos gozan de relativa buena salud dentro del mercado interno. A ellas pertenecen la mayoría de frutas y hortalizas –existen excepciones a esta clasificación como lo es el banano y las flores–. A mi parecer, es perenne revisar el modelo económico y agrícola del país. En una economía globalizada e industrial, es bien sabido que el agro debe ser subsidiado. Colombia, a pesar del discurso neoliberal –tan caro en la última década del s. XX– y con contadas excepciones, no ha podido demostrar la autonomía económica del agro (fuimos más papistas que el papa). Es hora de que se revise el absolutismo neoliberal. Debemos fomentar la demanda interna no con medidas arancelarias que contradicen nuestros intereses por un mercado abierto, sino con una política que fomente cultivos con alto empleo por unidad de área. En esta última categoría entran precisamente las frutas y hortalizas. Esto sin desconocer que existen cultivos de "colonización" que permiten una provisional explotación de grandes superficies cultivables a relativo bajo costo –dentro de los cuales se encuentra la caña de azúcar, la palma y las especies maderables–. Debemos buscar una política tributaria que distribuya inteligentemente ambas vocaciones agrícolas a lo largo de la geografía nacional; asignando a la agricultura intensiva, tierras con mayor acceso a los centros urbanos y por ende con mayor demanda laboral y a la agricultura extensiva, tierras periféricas, lejos de los centros urbanos, pero de gran extensión como la Orinoquía. El gobierno no ha logrado distinguir entre estas dos vocaciones agrícolas y por ende la mayor cantidad de fondos se va para la agricultura extensiva en movimientos que a menudo esconden un interes especulativo de la propiedad raíz. Es hora de ser y exigir coherencia en las políticas agrícolas.

Otros artículos relacionados: El agro no florece (2008) por Mauricio Cabrera.

viernes, 11 de abril de 2008

Un buen estudiante en el Ministerio....

El ministro Colombiano de Agricultura, Andrés Felipe Arias, es un espécimen bastante interesante. Su conversión teórica sería un apreciable logro mediático para el postmodernismo en la región. Ejemplo prístino de práctica y discurso neoliberal. Su cargo constituye todo un emblema institucional. Su apuesta mediática y, me atrevo a decir, espiritual a la discusión objetivista, lo hace vulnerable a la razón instrumental. Aun sin aspirar a su conversión tenemos aquí a un interlocutor retóricamente útil. No hablare del caso Carimagua, aunque constituye una muestra significativa de sus modos de práctica, es decir, los modos neoliberales. Me interesa reflexionar sobre su posición coyuntural con el cultivo de la Palma a raíz de la alza en la demanda de biocombustibles. Su posición ha sido radicalmente clara: el incremento de los cultivos de Palma, sin salvedades, constituyen un beneficio para Colombia y los colombianos. Dentro de los colombianos, aclaro, no solo se refería a las grandes empresas del agro, sino también al pequeño y mediano agricultor. Siendo así, vale la pena formular a él y sus copartidarios ideológicos las siguientes observaciones y cuestionamientos. Para persuadir de que el cultivo de Palma constituye una solución pluralista, el ministro cita dos programas: uno en Tumaco donde, bajo el financiamiento y asesoría del ministerio, se construye una planta de procesamiento de aceite de Palma con fines de autoconsumo energético. El segundo ejemplo es una cooperativa en el nororiente del país, donde un grupo de pequeños productores de Palma han montado, bajo la financiación y asesoría del gobierno, una planta de preprocesamiento cuyo producto es vendido a la planta de procesamiento final del biocombustible. Por que habríamos de ser escépticos ante los argumentos del ministro? bueno, mi experiencia como vallecaucano, me permite una opinión de primera mano con un cultivo cuyas condiciones de producción y procesamiento no son muy distantes a las del cultivo de Palma y otros combustibles vegetales: el azúcar de caña. De hecho, en la actualidad se lleva a cabo una conversión de la producción de azúcar por la de etanol, un biocombustible derivado de la caña. La realidad de la caña en el Valle del Cauca es que no solo es un cultivo latifundista sino que sus ganancias se acumulan en los Ingenios, un grupo aun mas reducido de latifundistas que compran, producen y procesan la caña. Que nos asegura que esta historia no se va a repetir? dudo que otros cultivos proyectados para la producción de biocombustible puedan ser la excepción, esto se debe a la combinación de dos factores fatales para una industria que aspira a la integración socioeconómica: la distribución asimétrica de la tierra y la naturaleza extensiva del cultivo. Realizar un criticismo al cultivo de biocombustibles cuestionando la asimetría de la distribución de la tierra es una posición que encuentro políticamente legitima, sin embargo, personalmente, creo que no es congruente con la actualidad del mercado global de los bienes primarios. Quizás su tiempo llegue, pero no en el mediano plazo. Por otro lado, creo que estamos preparados, en la actualidad, para un replanteamiento de los modelos de agricultura extensiva al menos en ciertas regiones del país. A pesar de la casi insaciable demanda de biocombustibles en el mundo, como se ha expuesto, las condiciones de este cultivo no promueven una distribución "natural" de las ganancias ya que favorece la centralización de la propiedad y la producción. Si bien esta naciente industria promete un incremento en las ofertas de empleo en comparación con los que ofrece sectores como el ganadero y el azucarero, no tiene forma de competir con propuestas de agricultura intensiva como los son las frutas y hortalizas [1], cuyo mercado no ha sido explorado lo suficiente, eclipsado por el poder político de los sectores agropecuarios establecidos. La agricultura intensiva, no solo ofrece productos mas variados y cuyo procesamiento generan un valor agregado mayor al de los biocombustibles, sino que también demanda una mayor cantidad de trabajo industrial y en especial, por unidad de tierra, promoviendo así los asentamientos rurales en oposición con el crecimiento desmesurado y conflictivo de la población urbana y los problemas de gobernabilidad rural.


[1] Me refiero a Agricultura Intensiva entendida como aquellos productos cuyas especificidades de producción y mercado implican un uso intensivo en costo y mano de obra por unidad de tierra. Esto deja por fuera cultivos como la caña de azúcar y la ganadería intensiva donde, ni el producto, ni el mercado -real y no distorsionado!- exigen esta práctica.

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